Acerca de margaritas a los cerdos

Acerca de

Primero, acerca del origen del refrán

Para explicar rápidamente cual es el origen acerca de margaritas a los cerdos puedo deciros que viene del refrán “echar margaritas a los cerdos” y como bien explica en este enlace, es

“hablar, usar tiempo, ofrecer tu generosidad o tu delicadeza a alguien que no sabe apreciarlos. Es cuando intentas ofrecer conocimientos muy avanzados a gente que no está preparada para recibirlos o ni siquiera está interesada en ellos”

Viene del latín y de las Sagradas Escrituras y aparece en el versículo 6 del capítulo 7 del Evangelio según San Mateo dice: “nolite dare sanctum canibus neque mittatis margaritas vestras ante porcos ne forte conculcent eas pedibus suis et conversi disrumpant vos”. Que traducido al español es “no deis lo sagrado a los perros, ni echéis vuestras perlas a los cerdos, no sea que vayan a pisotearlas con sus patas y vueltos hacia vosotros os despedacen”.

La metáfora de la perla=margarita como algo muy valioso que jamás podrá apreciar un bruto ignorante que sólo tenga instintos animales es mucho más antigua que el Evangelio y hoy en día se sigue usando con ese significado.

Segundo, algo sobre mí

Yo soy una perla, todos lo somos. Solamente hay que creérselo. En esta vida y en esta realidad hay muchísimas perlas y muchísimas margaritas. Pero algunos no saben apreciarlo, por sus propias limitaciones, por sus diferentes gustos, o por simplemente tener vibraciones distintas y seguir caminos distintos. Entonces se revuelven y te despedazan porque te tienen miedo. Y de eso va ésto. De como una margarita lucha después de ser pisoteada y destrozada, para recoger los trocitos y recomponerlos y volver a brillar como una perla.

Todas las canciones que pongo me han “tocado” de alguna manera, han sido definitivamente un mensaje para mí, y aunque para muchos puede que sean unas canciones de mierda, porque no suenan en los 40, y ni siquiera les den una oportunidad y no las lleguen a apreciar nunca (precisamente por lo que digo arriba de que cada uno llega a lo que llega), para mi son preciosidades, margaritas y perlas preciosas que me hacen brillar el momento mientras las estoy escuchando, y olvidarlo todo. Pero sobre todo, me hacen sentirme viva y llena de luz ese ratito.

Como también cito en el inicio, para llegar a la máxima expresión de uno mismo, la semilla que somos, el caparazón que nos protege debe romperse para dar paso a algo más grande, a lo que somos de verdad, aunque la mayoría de las veces sea muy doloroso también es muy necesario si uno quiere crecer. Estoy convencídisima de que esto es así y desde mi punto de vista no se despierta uno o empieza a crecer desde que se nace. Físicamente sí claro está, pero yo voy un poquito más allá y me doy cuenta de que no “despertamos” a la vida y empezamos a “crecer” y a “evolucionar” (hablo desde el punto de vista de la evolución de las especies, tal cual) hasta que hay un detonante en tu vida que te hace romperte en pedazos.

semilla rotaY sólo cuando eso pasa y desde esa completa destrucción, sigues hacia delante y empiezas a vivir de verdad y empiezas a ser lo que de verdad eres. Y ésto es lo que me ha pasado y está pasando a mí.

No hay semilla que madure si no se rompe.

Y yo ya me he roto, ya he muerto en vida (esto es tal cual lo que yo sentí) y ahora toca seguir creciendo para dejar de ser brote, y convertirse en árbol centenario (de mayor quiero ser una Sequoya jajaja me parto)

Autoretrato

Este blog se trata de ser un reflejo de lo que yo soy, una extensión de mí. Lo hago para mí, para dejar de ocultarme como he hecho hasta ahora y para hacerme visible. Exponerme y dejarme ver. No me gustaba enseñarme, no me gustaba decir lo que sentía. Parecer que tenía sentimientos, que era vulnerable. Me he escondido como una piedra durante años. Por miedo, miedo a la exposición, al daño, al dolor… Analizándolo y mirando atrás, ya me pasó mucho antes de haber conocido a Marcos. Dejé de hacer fotos, de expresarme, de mostrar mi rostro. Me encerré y me escondí. Ahora necesito salir. Aquí estoy a salvo y puedo hacerlo. Porque esto soy yo.

Nunca pondría algo que yo escribí en un taller de escritura para que alguien pudiera leerlo (tampoco sé cuántos lo leerán aquí jajaja) Pero lo que cuenta y es importante para mí, es que antes no lo hubiera hecho. Ni loca! Que alguien lea lo que soy, lo que siento y cómo me siento? Ni-de-coña. Y una cosa es hablar de música y otra hablar de lo que me habita y me conmueve. Siempre he sido muy cuidadosa subiendo mis temas al facebook. Todas las canciones tenían un significado para mí que nunca expliqué claramente pero siempre dejaba entrever lo mínimo posible. Hasta en eso me escondía.

El pasado Septiembre hice un taller de escritura que se llamaba “Escribir y meditar” con Isabel Cañelles en la librería “El olor de la lluvia” en Madrid. Millones de gracias Isa por tu curso, tu sabiduría y todo lo que nos enseñaste. Pues uno de los ejercicios era hacer un autoretrato. Escrito claro. Es difícil de verdad. Porque se trata de describirse a uno mismo, sin sonar pedante o superficial o … bueno, ésta ya soy yo juzgando cómo NO debería de ser el mío. El caso es que meditábamos durante unos minutos y después había que ponerse a escribir lo que te saliera de ti en ese momento. Para intentar efectivamente dejar los prejuicios fuera. Los de uno mismo. Y en mi caso los peores.

Así que esa era yo en Septiembre de 2017. Probablemente ahora me saldría otra cosa un “poquito” diferente.

 

María. Así me llaman algunos. Mary, mery, mare, maruchi, mariocha, maruxiña, mariquiña, enana, momia… ¿se pueden tener tantos nombres y no sentirte de ninguno?

38 años llevo aquí y me parecen 38 siglos. O 38 milenios. Eones. Mucho tiempo. O a veces como si en realidad hubiera nacido ayer. En cierta manera es así. Cada vez que abro los ojos cada mañana. Cada vez recuerdo menos cosas de mis vidas anteriores. Ciclos circulares de principio y fin. Ciclos que se repiten. Ciclos que se cierran. También ciclos que se aprenden y se van para siempre. Olvido en el tiempo inexistente. De todas maneras nada de eso importa demasiado, porque lo que importa es el ahora. HOY.

Hoy puedo decir que estoy aquí, reencontrándome con lo que perdí en este hilo del tiempo interminable. Intento recuperar lo que me arrebataron o quizás simplemente fue un torbellino huracanado que me lo arrancó todo del alma y se lo llevó al lugar donde se originan las tormentas. Tendré que encontrar ese lugar jajaja Siempre me encantaron las tormentas. Me hacen sentirme viva. Ahora lo entiendo.

El caso es que retratarse a uno mismo me parece demasiado difícil. A mí me cuesta mucho al menos. La humildad me pesa hasta para decirme las cosas, seas cuales sean. Los ladrillos que más me pesan son incluso los de las cosas buenas. Ya me diréis cómo rayos hago para levantar un muro que se sostenga bien fuerte si no soy capaz de mover los ladrillos jajajjaa

En fin… soy consciente de mi existencia porque respiro. Siento el aire entrando y saliendo por esta mini nariz. Todas las mañanas veo esos ojos marrones escrutando el infinito dentro de ese iris marrón avellana tostada, como si pensara que puedo encontrar las respuestas si mantengo la mirada un instante más. “¿Holaaaaaa? ¿Hay alguien ahí? ¿Tú quién eres en realidad?”. Yo pregunto pero de momento el reflejo no me contesta nada. Veo mi cara, mi piel y mi pelo creciendo cada día más largo. Descubro una cana más… una arruga más…

Me observo y escrutino como si fuera a conseguir algo, como en un juego. Es hasta divertido. A ver si encuentro las diferencias con el día anterior. A veces hasta me busco más canas igual que los monos meticulosamente despiojan y asean a sus semejantes. Así. Milimétricamente. Minuciosamente. Pelo a pelo. Jajajaja Pues sabéis que os digo, que a mí me gustan. Son diferentes a los otros pelos y tienen su “personalidad” jajaja Como si tener más canas fuera mejor. Más tonta no se puede jjajajaa

Solo es señal de envejecer. Como mi corazón envejecido. Así lo siento. Agotado, roto y recosido por mil sitios… pero sigue vivo sí. Y latiendo, grande, fuerte y rojo. O igual es rojo y dorado. Si pasa como los orientales que pegan con oro las vasijas por donde se rompieron y así tienen más valor. Pero ¿para qué tenemos corazón si no podemos querernos a nosotros mismos lo primero?

En la vida hay muchas lecciones y a mí de momento me queda la más importante, aprender a querer a esta María de 38 años, que ha decidido empezar a dirigir y construir su vida. Dirigirla según le marca su corazón remachado y no según lo que se suponga que tenga que hacer. Nunca me gustaron los modelos.

Querer cada parte de su cuerpo largo y delgado, pero que se siente pesado en muchos momentos por todo lo que arrastra con él. Querer ser mujer hoy, querer ser femenina, querer tener el pelo más largo y más rizado y más a lo loco. Le gusta cuando el viento se lo descoloca del lugar que ella lo pone. La despeina y la acaricia. Debe de ser el viento el único que la toca desde hace tiempo. Ya no recuerda lo que son las caricias. Pero sí los abrazos que le dan a veces.

Me toca aprender a recomponer las piezas por dentro para que todo esté como se ve por fuera, en su sitio.

EN SU SITIO.

En Madrid a 17 de Septiembre de 2017.

 

Leyéndolo aún me reconozco en él. Y me toca la fibra saberme así aún. No soy tan diferente a hace unos meses.